32. Pluviofobia

Serious Hispanic teenager looking out window

No había motivos lógicos por los cuales Bernadette odiara el agua. Se desesperaba cada vez que la lluvia se metía entre sus ropas, sin recordar desde cuándo le pasaba. También le resultaba muy desagradable cuando piletas y bañaderas arrugaban la yema de sus dedos, convirtiéndola en una anciana.

De chiquita hacía un escándalo cuando su mamá le lavaba la cara. Cuando la obligaban a bañarse, dejaba la ducha corriendo para sentarse unos minutos en el inodoro a pensar. Con mucho esfuerzo se mojaba el pelo, así los grandes pensaban que era una niña normal.
Pero Bernadatte no era una persona sucia. Tomaba una ducha todas las mañanas, en una conmovedora muestra de valentía. También lavaba los platos después de cada comida, cuando además bebía parte de sus dos litros diarios de líquido. Pero en algo no cedía: jamás se permitía llorar. No es lo mismo lo que viene de afuera que el agua que intenta abandonar su cuerpo. La tranquilizaba saber que eso era lo único que tenía bajo control.

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