30. El pequeño rey

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Baricus fue el monarca más joven de la historia. El rey de Phlegethon, espantado ante las responsabilidades de la paternidad y la corona, abdicó a favor de él —una forma elegante de decir que un día, cuando todos despertaron, él se había escapado—. A la dulce edad de cinco días, ante la ausencia de hermanos, primos y tíos de cualquier grado, Baricus fue coronado amo y señor de la tierra firme, de las islas de los mares y de los océanos, duque de Cyrek, conde de Thersites, Marqués de Bazyli, sumo sacerdote de los demetrios, capitán general de las fuerzas armadas y caudillo de la distinguida orden de los soterios.

El consejo de guerra no podía tomar decisiones sin la aprobación de su comandante en jefe. Cada día le llevaban los mapas de los teatros de operaciones para consultarle si atacaban al enemigo, pero Baricus apenas podía mantenerse despierto después de tomar el pecho. Decidieron crear entonces unos diminutos muñecos movidos por hilos —antecedente de las actuales marionetas— que representaban los conflictos, para así probar diferentes cursos de acción. Si el rey lloraba, se dejaba la idea de lado. Si reía, la estrategia estaba decidida.

Excepto una incursión en Zipango, que fue un rotundo fracaso, Baricus fue conocido como un rey astuto, justo, compasivo, que unió a los Contos con los Galanos y, en una decisión que sorprendió a todos, tuvo la sabia idea de mudar la capital a Diomedas.

Gobernó hasta los seis años, edad en la que abdicó a favor de una democracia representada en el antiguo consejo de guerra, conocido ahora como la compañía teatral de Phlegethon.

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