25. Vida en Marte

Vida en Marte

El ingeniero Álvaro Tapia tuvo la idea mientras tomaba una cerveza en un bar en Cabo Cañaveral. Hacía cinco años que había obtenido su beca para trabajar en la NASA y se había mudado a los Estados Unidos desde su Lanús natal. Su trabajo era tan ridículo como excitante: la búsqueda de vida en otros planetas. Con sus compañeros estudiaban rocas de Marte para identificar rastros fósiles de microorganismos, gases, o rastros de erosión pluvial. Todos ellos coincidían con que la presencia de agua era esencial para la existencia de vida. Todos los demás ingredientes ya existían en Marte.

Su teoría, en un principio, fue muy resistida y considerada impracticable. La misma actitud, les respondía, tienen quienes no se preocupan por el efecto invernadero porque era el problema de las generaciones futuras. Pero su insistencia, finalmente, dio sus frutos.

La misión Viking XXIII fue la primera en trasladar agua a Marte. No precisamente el líquido, ya que los países menos desarrollados de la Tierra merecían agua potable mucho más que un planeta estéril.

Lo que llevaron hasta el planeta rojo fue oxígeno e hidrógeno, que se combinaban para llegar en forma de líquido. Cada año se acumulaban más y más litros. Primero se llenó el Canal Sagan, desde donde dejaron que la topografía decidiera cómo se iba a abrir paso el agua. De noche se congelaba, de día se derretía, y gran parte se evaporaba. Fueron décadas de misiones exitosas donde, metro a metro, Marte se llenaba de agua.

Y eso fue todo. Tapia no vio los resultados de su experimento. Nadie en la Tierra, al menos, lo vería por mucho tiempo. Habría que esperar millones de años para que el agua se estableciera y que la misma chispa que inició la vida en nuestro planeta lo hiciera en Marte. Los ingredientes ya estaban ahí, y quizá, dentro de miles de millones de años, las nuevas formas de vida marcianas se pregunten cómo fue que se inició la vida en su planeta.

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