21. Banfield

Julio_Cortazar

¿Sabías que antes los boletos eran de cartón y el guarda te los picaba? Tengo varios de esos cartoncitos guardados, los usaba de señalador. Me gusta porque tienen la fecha.

Resulta que estaba en la estación esperando el tren a Constitución. Justo me había perdido el anterior. Lo corrí y no lo alcancé. Yo te soy sincero, nunca fui de leer mucho, pero ese verano aprovechaba bien los viajes y en dos semanas te terminaba una novelita. Cuando le conté a tu papá me quiso incentivar y me prestó un montón de libros. Me había llevado una antología de Cortázar y empecé por La cosecha de María. ¿Lo ubicás? Ese donde una loca tira migas de pan en la tierra y después las riega con vino. Bueno, antes de que hicieran la película fue un cuento. Yo también lo conocí cuando lo dieron en la tele.

Estaba concentrado en la lectura y de pronto escuché la campana del tren. Lo raro es que no venía por el andén 1, sino que era un traqueteo ensordecedor que se frenó en el andén 3. No sé ahora, pero antes nunca paraban en Banfield, era el servicio rápido que venía directo de Temperley a Constitución, con una única parada en Avellaneda. Pero no quise dejar pasar la oportunidad. Corrí, salté las vías y me subí.

Adentro no había asiento, así que caminé hasta el furgón, donde me encontré con un hombre fumando solo. Nunca lo había visto en persona, pero lo reconocí enseguida. Era Cortázar. Sí, te lo juro. Julio Cortázar. Ya sé, pero era él. Sin barba, más joven. Vestía traje, sin corbata. En una mano el cigarrillo y en la otra un cuaderno Rivadavia.

Me miró, sonrió y me invitó una pitada. Yo justo había dejado, pero me arrepiento de no haber aceptado. Le pregunté si era él y eso le hizo mucha gracia. Inmediatamente saqué la antología y le quise pedir que la firmara para tu viejo, pero no me salían las palabras.
Me acuerdo que lo agarró y lo puso lejos, como para enfocar. Leyó en voz alta: Antología Completa, Julio Cortázar, cuentos inéditos. Soltó una risotada y después empezó a negar con la cabeza. Le dio otra pitada al cigarrillo. Me preguntó si estaba seguro de no querer y le respondí que hacía 38 días que no fumaba. Saqué un chicle Bazooka, que es lo que masticaba cuando me moría por un pucho. Me preguntó si le podía dar el chiste. Leyó el papelito en silencio y lo guardó en su cuaderno.

Cuando llegamos a Avellaneda se liberó un asiento. Se ubicó en la ventanilla y me pidió que me sentara con él. Todavía tenía mi antología; la de tu papá, mejor dicho. Abrió su cuaderno, que además de estar todo garabateado y con papeles sueltos, estaba lleno de recortes de diario. No te digo artículos, sino títulos. Frases. Cosas sueltas. Entre todo eso tenía fotos de mi hermano. Te lo juro. Cuando lo vi casi me pongo a llorar. Desde que era chiquito hasta que se convirtió en bombero. Incluso de la época en la que atendía la heladería. Yo no sabía qué decir. Le pregunté si lo había conocido en vida o después. Me hubiese gustado saber, pero él estaba más interesado en su propia antología.

Abrió el primer cuento, La cosecha de María. Se empezó a reír. Dijo: Cuántos lugares comunes. Admitió que ni recordaba haberlo escrito. Me preguntó por qué le pusieron ese título, y la verdad es que no tenía idea. Me habló de las obras inconclusas, y de que ni el más osado curador del Louvre se atrevería a ponerle brazos a la Venus De Milo.

Sacó varios de sus recortes y con una cinta empezó a pegarles títulos. Yo solo pensaba en tu papá y en que Cortázar estaba terminando sus obras inconclusas en su propio libro. En ese momento me di cuenta de que nunca se lo iba a poder devolver.
Me devolvió la antología y se acomodó en el asiento, satisfecho. Ahí me cayó la ficha y quise preguntarle si sabía que llevaba varios años muerto, pero no me animé. Entonces pensé que seguramente yo estaba muerto o soñando. Que por ahí todos en ese tren estábamos viajando al otro lado, pero terminamos llegando a Plaza Constitución.

Nos bajamos y en esa época los guardas te sacaban el boleto, lo tuvieras picado o no. Era para que no lo vuelvas a usar. Yo me hice el tonto y me lo quedé. Lo guardé décadas. Vos ni habías nacido.

En el hall me di cuenta que encaramos para distinto lado. Le ofrecí compartir un taxi y me sonrió. Me dijo que no creía que fuésemos al mismo lugar. Se fue en dirección al subte, y entre la gente lo perdí de vista.

Ya pasó mucho tiempo de eso. Ahora tu papá no está más y me avergüenza un montón haber esperado tantos años para devolverte el libro. Deberías tenerlo. Mirá, todavía tiene el boleto adentro. Con la fecha de cuando pasó.

¿Por qué no se lo devolví? Al principio pensaba que por egoísmo, porque era un objeto invaluable y cualquiera iba a querer tenerlo. También sentí que tu papá merecía encontrárselo más que yo. Pero después me di cuenta de que había sido por mi hermano. Cortázar lo conocía y me mostró las fotos. La conexión era conmigo. ¿No vale más el amor por un hermano que un montón de hojas y tinta?

Nunca fui muy culto. Por ahí si hubiese leído más te podría hacer un análisis más profundo. Vos sos de leer, y seguro le vas a encontrar la vuelta.

Mirá. Me dijiste que conocías La cosecha de María, ¿no? ¿Querés ver cómo le terminó poniendo Cortázar? Abrí el primer cuento, ahí lo tenés. Es mucho mejor, ¿no te parece?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s