19. Jeremy tiene sangre en sus manos

Jeremy

La policía corría tras él. La gente del pueblo se había sumado a su cacería, ya que las personas prefieren condenar a los demás y demostrar que siempre hay alguien peor, antes que ocuparse de sus propios pecados. Mientras corría, Jeremy intentaba limpiarse la sangre de la cara y de la ropa y no pensar en lo que había pasado. Tenía que quitar esas manchas de sangre que no eran de él y que lo inculpaban.

Entró en el bosque, creyendo ingenuamente que sus cazadores le perderían el rastro. Pero cometió, entre otros, el error de sacarse la ropa delatadora mientras huía, dejando indicios de su ubicación. Estaba desnudo. Recién sintió el frío que hacía cuando vio salir el vapor de su boca. Se escondió detrás de unos arbustos y notó en su cuerpo que la sangre se secaba y se hacía más difícil de quitar. Dejó de pensar y se acurrucó, un poco para protegerse del frío y otro poco para hacerse menos visible.

Las voces de los pueblerinos se escuchaban cada vez más cerca y los ladridos de los perros cada vez más penetrantes. Jeremy comenzó a llorar, y una húmeda nariz le olfateó el hombro. “¡Acá está!”, gritó alguien a su lado. En un instante, todos estaban allí. El pueblo entero, incluida la policía local y la de parajes vecinos, lo rodeaba. Lo habían encontrado. Todos querían un pedazo de él, pero nadie hacía nada. Estaban petrificados, no queriendo comenzar lo inevitable. Entonces, uno, cualquiera, le pateó la cara. La gente se sumó a la golpiza. Jeremy veía cientos de pies ir y venir, cada uno acompañado por un dolor que se agudizaba por el frío. Los pueblerinos se empujaban por golpearlo, algunos se hacían a un lado para dejar a otros sumarse. La sed de sangre nunca fue saciada, y sin embargo comenzó a apaciguarse. Un policía, quizá para disimular su participación, les pidió a todos que se calmaran y agregó que iban a arrestarlo y a hacerle un juicio justo. Entonces la golpiza finalizó.

Jeremy fue declarado culpable de la violación y el asesinato de dos adolescentes, y fue sentenciado a morir por inyección letal. A la espera de su condena recibió un castigo a manos de otros convictos: fue violado todas las noches, hasta que llegó el día de cumplir la sentencia. Segundos antes de que la aguja penetrase su piel, un llamado del gobernador paralizó todo: una nueva prueba de ADN realizada por el gobierno reveló que Jeremy era inocente. Cuando salió libre quiso volver a su casa, pero sus vecinos la habían destruido. Todo había cambiado, nadie en el pueblo podía mirarlo a la cara. No había disculpas valederas para quien había sufrido lo que él. Jeremy decidió mudarse a otro pueblo y comenzar una nueva vida. Gracias a su fuerza de voluntad, pudo dejar atrás el pasado y ser feliz.

Siguió violando y asesinando chicas, pero esta vez de pueblos vecinos. Afortunadamente el gobierno no sabe nada de análisis de ADN.

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